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viernes, junio 27, 2014

Sombras del Paraíso Arturo Neimanis Capítulo VIII: Alana, La Reina de todos



Junio 27, 2014

Sombras del Paraíso
por: Arturo Neimanis


Capítulo VIII
La Reina de todos



Alalia, Estepas de Yancai. Año 88, Siglo III

Hace un par de meses que estoy viviendo con los Alanos (Alauni como se dicen ellos mismos, aunque algunos más viejos pronuncian algo así como Halani), hasta no hace mucho eran pastores nómadas, muy pero que muy belicosos, pero han comenzado a asentarse en ciudades más o menos grandes. La zona en la que nos encontramos la llaman Yancai (traducido muy literalmente sería algo así como vasta estepa). Específicamente me encuentro en la ciudad de Di. En mi tiempo creo que esto es Turquestán. El clima es realmente muy suave (cualquier cosa es suave después de los inviernos de Londres, por supuesto). Casi todos los alanos son altos y bien parecidos. La mayoría son rubios y tienen una mirada terriblemente feroz. Se han especializado en criar caballos. Muy cerca hay un hermoso lago al que llaman Meotis.

Al principio no me quedaba muy claro porque vine acá, en primer lugar, sabía que mi destino era esta zona  geográfica, y que tenía que resolver una de esas encrucijadas de la historia cuyo resultado, según el guardián, no conserva la armonía necesaria para la obra del Artista, pero pensé más en función de mi tiempo, me veía a mí mismo resolviendo uno de esos focos de conflicto del Oriente Medio, no sé, tal vez evitando un conflicto nuclear, o provocándolo, que se yo. Sorpresa, decepción, curiosidad, primero me percate que no estaba precisamente en el siglo XXI, ni siquiera en el XX. El guardián me envió más atrás, mucho más atrás, casi que al inicio de la era cristiana, agudo contraste después de disfrutar de la City de finales del 2000, aunque tiene sus cosas interesantes esta época.

Volviendo al tema, en los dos meses que llevo aquí he podido hacerme cargo de la situación, las opiniones están divididas, una parte de ellos, liderados por un tipo mal encarado y bastante bestia, aun para este tiempo, llamado Kuluk. Él dice que debemos irnos  al Este de donde se oyen historias de tierras ricas dominadas por gente débil a la que sería fácil conquistar para apropiarse de sus riquezas, por otro lado, el otro grupo, liderados por una tal Spadines, a quien no he visto aun,  dice que debemos ir al Oeste, de donde también se oyen historias de esplendor y de un vasto reino (creo que hablan de nuestra actual China) a los que también ven como presa fácil.

Los alanos tienen la supremacía de las tribus en esta zona y han creado una poderosa confederación de tribus sármatas. Si supiera con precisión en que tiempo estamos la decisión sería fácil, al Este está el imperio romano, si estamos en el siglo I o II sería una locura atacarles, si estamos en el III o el IV, esa sería la mejor decisión porque estarían en proceso de decadencia.

De todos modos, la decisión no es precisamente estratégica ni mucho menos democrática, de no mediar ningún acuerdo entre ellos, en una semana se tendrán que enfrentar los dos y el que quede vivo será el que tenga la razón, que de paso, me parece una forma muy civilizada de resolver sus problemas, sin estar amargándole la vida a los de abajo.

De ganar Kuluk será proclamado Calan (Rey de todos), de ganar Spadines, será proclamada Alana (Reina de todos), sea cual sea el resultado, nunca habrá un vacío de poder. Verdaderamente muy civilizados estos barbaros.

Presumo que nos encontramos relativamente cerca del Mar del Norte, aunque también podría ser el delta del Danubio (coño, debí pararle un poco más a las clases de geografía y a las de historia universal). En todo caso, sea cualquiera de ellos, es un obstáculo natural enorme que entorpecería a los que quieren internarse al oeste y constituye el principal argumento de Kuluk, aparte de su fuerza bruta,  para ir en dirección contraria.

A mi particularmente me parece mejor la opción de Kuluk ya que al Oeste se van a conseguir con los chinos que llevan como tres mil años en guerra y seguramente serian un hueso más duro de roer que los romanos. Claro, eso lo sé yo pero no lo saben ellos.

Si a eso le sumamos que este particular periodo de la historia no estaba precisamente entre mis lecturas favoritas, ahora me encuentro prácticamente dando palos de ciego, realmente, aun no sé qué bando debo apoyar, aunque si estoy seguro que debo hacerlo porque, si no, ¿para qué estoy aquí?

Pese  a que mi amigo, el  conserje celestial, no me doto de ninguna habilidad extraordinaria (¿serían capaces de imaginarme con súper poderes como los personajes de las historietas?, no, bueno, yo tampoco y al parecer el guardián mucho menos, pero sería bastante divertido), al menos me doto de un omnisciente dominio de todas las lenguas, creo que no podía menos porque si no lo hubiera hecho, sumado a eso, siempre he sido un buen vendedor de mí mismo así que no me fue difícil convencer a esta gente que soy una especie de profeta.

Faltan varios días para el combate y mañana debo recibir en audiencia a ambos contendores, para su obligatoria consulta a los dioses. Espero que algo me indique hacia donde debe inclinarse la balanza, de lo contrario me tocara lanzar la tradicional monedita o dejar que las cosas pasen por si solas.

Kuluk era por decir lo menos, un cruce de hipopótamo con elefante, poco más de dos metros de altura, calculo cerca de 150 kg de peso, aunque pudieran ser más, siempre he sido malo para estimar el peso de las personas. Un par de feas cicatrices terminaban de adornar su rostro aunque buena parte de ellas quedaban ocultas por una espesa barba multicolor. Bajo la túnica que vestía se apreciaba que el tipo no debía tener un gramo de grasa en todo el cuerpo, en fin, puro musculo, y para mi mayor sorpresa, bastante inteligente también, esperaba un troglodita y me conseguí al tipo que inspiro la frase de cuerpo sano en mente sana.

Me estuvo hablando cerca de una hora acerca de sus planes futuros, donde todo era esplendor y furiosas victorias sobre el enemigo que le harían ser recordado como el más grande guerrero de su pueblo, su presencia ante mi tan solo le servía, según dejo entrever, para que yo le informase sobre el designio de los dioses, no para saber si se cumpliría su destino, sino cuando. A ese extremo de seguridad llegaba su arrogancia. Realmente me causo bastante mala impresión.

Sin embargo, no puedo negarlo, sus planes eran coherentes por completo, hasta donde sé de estrategia militar, que no es mucho, el tipo realmente parecía saber de lo que hablaba. Es del tipo de personas que les gusta sentirse alabados. También pude apreciar que era una persona de pensamiento práctico y que de no ser por lo voluminoso de su cuerpo, igual llegaría a ser un líder aunque por otros medios. En el pude percibir disciplina, constancia, esfuerzo, lógica y razón. Me he vuelto todo un psicólogo con el paso de los años.

Spadines resulto ser la versión en femenino de Kuluk, apenas un poco más baja que él y con una musculatura igual de fuerte. Me dio la impresión de ser una mente de pensamiento impaciente. Se expresaba como un pensador receptivo, sensitivo y observador.

A mi modo de ver, podía ser más versátil que Kuluk y más propensa ante la novedad y la curiosidad. Era  fácil verla más bien como mente directora que como mano ejecutora.  En mi tiempo se hubiera destacado como vendedora, investigadora, tal vez detective o corredora de bolsa o de seguros y estoy más que seguro que en cualquier profesión que implique manejo de dinero, tal vez comerciante. Incluso podría ser diseñadora. Se veía como una persona de gran creatividad.

Sin embargo, pude percibir que lo que motivaba su deseo de ir hacia el oeste, a diferencia de Kuluk, no era cosechar las glorias de la fama del guerrero, ella veía la cuestión más como un asunto de negocios y según su criterio, el oeste era de más provecho para enriquecer a su pueblo que cualquier posible conquista que hiciesen hacia el este. De no ser por su aspecto físico, podría haber dicho que estaba hablando con mi hija mayor. Mi corazón se inclinaba por ella pero mi razón me decía que Kuluk era la decisión correcta.

Después de varias horas oyendo sus argumentos, les participe que debía retirarme a consultar a los dioses y que debían presentarse ante mí al finalizar el día de mañana, cuando les anunciaría que habían decidido. En realidad, solo quería ganar tiempo, nada fácil la solución a este dilema.

Envuelto en estas cavilaciones, me retire a dormir en la tienda que había sido destinada para mi descanso. Buena parte de la noche se me fue pensando en lo paradójico que resultaría todo si yo terminaba tomando una decisión que desencadenaba una serie de eventos que resultasen en que yo no naciese en el tiempo en que me toco hacerlo. De no nacer, como podría estar acá forzando un resultado, algo así como el perro persiguiendo su cola.

Según el guardián, esa era una de las razones por la que se podía saber que había o no armonía en un hecho, invariablemente, si todo estaba bien, ese tipo de paradojas no llegaban a presentarse. El problema es, ¿Cómo saberlo antes de actuar?

Realmente no descanse mucho aquella noche, sin embargo, cuando llegaron las primeras luces del alba, ya me encontraba de pie y tenía la solución a mi dilema. Ahora solo me falta convencer con razones a quienes están acostumbrados a solo entender a golpes. Me toca a mí ponerme a prueba, a ver que tan buen vendedor soy en realidad.

Continuará...

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