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viernes, octubre 24, 2014

Encrucijadas Históricas (I) - Arturo Neimanis



La física cuántica implica la existencia de múltiples universos. La "peculiaridad" de los procesos cuánticos permite asumir que "todas" las opciones posibles se realizan, creando tantas realidades distintas, o universos, como opciones. La consecuencia más obvia, no por ello menos extraña, que se extrae de esta teoría, es que existen tantos universos como opciones cuánticas haya habido hasta ahora, es decir, infinitas. 

A lo largo de la historia del mundo se han producido eventos muy marcados que merecen ingresar en ese reino donde el mito se cruza con la realidad. Eventos previstos por la teoría de los universos múltiples, a los que prefiero referirme como “encrucijadas históricas”.

A principios de la Segunda Guerra Mundial, la operación Día del Águila, “Adlertag” en alemán, estaba dirigida a doblegar en forma definitiva la tenaz resistencia inglesa y acabar así con lo que después se conocería como "La Batalla de Inglaterra" . 

De la importancia de la misión habla por sí sola la cifra de aviones empleados, que suponía un setenta y cinco por ciento del total de los efectivos disponibles por parte de los alemanes. Hasta aquel momento, la aviación alemana no había empleado en sus ataques más que un diez por ciento de sus efectivos. Ahora, contaba con un total de 3.358 aviones, de los cuales 2.250 se hallaban en perfecto estado y dispuestos para su utilización. Las fuerzas británicas no llegaban a 1.000 unidades.

La superioridad numérica alemana no había impedido sin embargo, que hasta aquel momento, la cifra de bajas británicas totalizaran solamente 96 frente a las 277 sufridas por su adversario. Esta desventaja no disminuía de hecho la amenaza que se cernía sobre Inglaterra. 

Las condiciones climatológicas cambiarían el curso de la historia. La “Adlertag” continuaba su curso con excelentes resultados hasta que el 24 de agosto de 1940 el puerto de Londres fue bombardeado, según los alemanes por error.

Dos pilotos de la Luftwaffe se habían perdido en la niebla y habían sido incapaces de dar con sus objetivos, así que habían lanzado las bombas sobre lo que suponían que era el canal de la Mancha, pero que en realidad era Cripplegate, Londres. Habían bombardeado una iglesia y una antigua estatua de John Milton, matando a tres civiles e hiriendo a otros veintisiete. 

Winston Churchill, en represalia, ordenó un ataque aéreo sobre Berlín, más que nada un golpe de efecto para subir la moral británica, ya que la “Royal Air Force” (RAF) no estaba en condiciones de realizar un asalto de gran potencia sobre suelo alemán.

Cuando cayeron las bombas, Hitler se encolerizo y conjuntamente con los altos mandos del Reich decidió cambiar la estrategia, ahora iban a castigar a los ingleses, había que vengarse de esa afrenta, Hitler dijo: "responderemos a cada bomba con cien".

Justo a tiempo. A la RAF le quedaban menos de cuarenta aviones y, si aquellos pilotos no se hubieran perdido, la Luftwaffe alemana podría haber acabado con el resto de la aviación británica, según algunos historiadores, en veinticuatro horas y avanzado sin oposición hacia Londres. 

Con el Reino Unido fuera de su camino, Hitler podría haber concentrado todo su poderío militar en Rusia y estos no habrían sido capaces de conservar Stalingrado y probablemente los nazis hoy fueran los amos del mundo.

Un juicio justo debería decir que la batalla de Inglaterra fue ganada por el valor y coraje de los cazas ingleses, la casi infalibilidad de los radares y la capacidad de mando de un viejo sabio llamado Winston Churchill. 

Sin embargo, ¿Qué hubiera ocurrido si los alemanes hubieran continuado con su táctica inicial de bombardeo estratégico sobre aeródromos, pistas, hangares y estaciones de radar?

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