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viernes, junio 20, 2014

SOMBRAS DEL PARAÍSO Arturo Neimanis Capítulo I: Los Guardianes



Junio 20, 2014
SOMBRAS DEL PARAÍSO

Capítulo I
Los Guardianes

Recuerdo mi primera noche, parece que fue hace una eternidad. Recuerdos borrosos perdidos en la bruma del tiempo. Una calma absoluta solo rota por un silencio brutal, tan escaso de sonido que nada parecía real. Todo se reducía a rutina, simple rutina y, después de un tiempo, mas rutina. Realmente no muy divertido pero, ¿Quién sabía lo que era diversión en aquellos días? Yo no al menos. Para mí todo era igual, no había conocido nada más y aún estaban lejanos los días de la diversidad.

Solo, sumergido en el líquido amniótico de mi propia inconsciencia, el tiempo transcurría aun sin yo saberlo, el concepto me era tan ajeno como podría serlo la teoría de la relatividad para una medusa flotando en el océano, y mi océano era tan grande como el universo mismo aunque aún no tenía noción de las distancias. Mi primera noche, una noche eterna y sin duda obscura y silenciosa.

Una parte de mi podía sentir la presencia de seres intangibles en diferentes planos de existencia, más allá del alcance de mis sentidos. No podía verles, no podía oírles, no podía tocarlos, pero sabía que estaban allí, muchos, tal vez miles de ellos; de alguna extraña forma, podía sentirlos. Algunas de esas presencias me incomodaban, otras me hacían sentir bien y otras, otras, en fin, simplemente me daba igual que estuviesen o no allí. En ningún momento se me ocurrió pensar que o quienes eran, ni siquiera llegue a pensar que o quien era yo.

No sería capaz de decir cuánto tiempo transcurrió en esta situación, no tenía aun el concepto del tiempo, pero si soy capaz de entender que así como tuvo un comienzo, mi primera noche, también tuvo un final, lo que he dado en llamar mi primer día. No precisamente el tipo de día que ahora conocemos, simplemente algo que no era la noche en la que había estado sumergido y que a falta de una palabra mejor, he decidido llamar así.

Fue entonces que la noche dio paso al día, comenzando con un lejano resplandor que rompió las tinieblas a mi alrededor, distante, muy lejano, pero increíblemente brillante y ciertamente cautivador. Comenzaron a aparecer pequeños puntos de los más diversos colores, para mí que solo conocía el negro de la noche, aquello realmente me maravillo, no sé cuánto tiempo estuve contemplando aquella visión, extasiado en una vorágine de sensaciones que no soy capaz de describir.

Poco a poco la consciencia fue llegando a mí y pude percatarme de cosas que o no estaban allí hasta hace poco o simplemente no era capaz de percibirlas antes de ese momento. Las lejanas luces ya no se veían tan distantes y a la diversidad de colores se unió una diversidad de sonidos y sensaciones, una cacofonía ensordecedora por momentos y a la vez sublime y majestuosa que a mis sentidos llegaban a raudales. Una verdadera sinfonía sensorial, luces, sonidos y una solemne figura, un ser que no alcanzaba a ver o sentir en su totalidad, origen de todas estas cosas,  que me era imposible ignorar.

Una parte de mi sentía palpitar mi corazón a un ritmo impredecible mientras que a la vez, la presencia de aquel ser cortaba por completo mi aliento y me hacía estremecer, por primera vez fui capaz de vislumbrar a algunos de los otros seres que me rodeaban, seres de las más disimiles formas y comprendí, no era yo el que era capaz de verlos, era la presencia de aquel ser la que los revelaba ante mis sentidos.

Observar a los que me rodeaban, aunque se mostraban tan curiosos como yo, no duro mucho rato, no era capaz de apartar mi atención de aquella fuerza superior que se mostraba apenas parcialmente ante mí y creo que a los demás les ocurría otro tanto. Como surgido de la nada, el conocimiento llego a mí mente y supe quien era yo, quienes eran los otros y en parte, solo en parte, quien era aquel ser que me hacía comprender todo.

Como un artista que desarrolla un concepto haciendo bocetos de una misma idea, con leves variaciones de uno a otro, un poco más de color aquí, un poco menos allá, un poco más de peso por acá, un poco más alto allá, más luz, más sombras, cada uno de nosotros era una variación de su concepción artística, que a través de nosotros, exploraba sutiles diferenciaciones buscando satisfacer lo que su creatividad buscaba. ¿Por qué lo hacía? Nunca llegue a saberlo, tratar de entenderlo era como una hormiga intentando comprender el porqué de la naturaleza humana, simplemente es algo que se escapa de mis sentidos.

Lo importante fue saber que cada uno de nosotros era la satisfacción de la incomprendida necesidad de aquel ser tan distante de mí y que, tal como nos revelo con su sola presencia, habríamos de ser los guardianes de cada uno de los escenarios que había planteado para su obra.

Como llego, así mismo se fue y de repente me sentí vacío, como si no tuviese nada por dentro, un cuero seco y muerto sin ningún aliento de vida, tan fuerte fue la sensación que creí que allí terminaba todo y una profunda tristeza embargo mis sentidos. Poco a poco fui recuperándome, note que ya no podía ver a los otros y que incluso se me hacía difícil sentir su presencia como antes les sentía.

De pronto, las luces comenzaron a moverse ganando cada vez más y más velocidad, después vi que no eran las luces sino yo mismo que me estaba desplazando a una velocidad de vértigo sin razón aparente para ello. Llegado a este punto, ya no intente comprender nada más, simplemente cerré los ojos y me deje llevar, la sensación de estar cayendo era por demás extraña y abrumadora y a duras penas intente adaptarme a aquella nueva situación, la cual se prolongó por un tiempo que me pareció eterno pero que bien pudo haber sido cuestión de segundos. Mis sentidos eran completamente inútiles, nada parecía real, solo caer, caer, como en un gigantesco tobogán y sin saber a donde habría de llegar.

A partir de allí, ya nada volvió a ser igual, el conocimiento de mi razón de ser, la presencia de aquella fuerza, la semilla que dejo sembrada en mi interior, todo, absolutamente todo, cambio, y de pronto, una agradable sensación de inmensa paz, una calma interior como nunca más he vuelto a sentir, inundo todo mi ser y comprendí que las cosas que se debían hacer eran correctas, que había armonía en el todo, aunque yo solo fuese capaz de comprender apenas un pequeño trozo de todo el gigantesco entramado que conformaba aquella sublime obra.

Y fue así como el día termino y dio comienzo a mi segunda noche…

Continuará...

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