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domingo, junio 22, 2014

Sombras del Paraíso Arturo Neimanis Capítulo III: Cambiando las Reglas del Juego



Junio 22, 2014
Sombras del Paraíso

Capítulo III
Cambiando las Reglas del Juego

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”  (Levítico 19:18).

 “No hay que hacer el mal en venganza, ni hay que tratar mal a nadie, por mal que le hayan tratado a uno” Platón (Crito, 49c)

“No impongas a otros lo que no te gustaría para ti” (Confucio)

“Ninguno de vosotros será un verdadero creyente hasta que no quiera para su hermano lo que quiere para sí mismo” (Mahoma)

Amor, piedad, odio y sangre. Sacrificio, santidad, pecado y expiación. Pureza, perfección, bendiciones y maldiciones.  Obediencia, desobediencia, consagración y sacerdocio. Una representación típica, apenas una sombra, de las cosas celestiales ante los ojos del hombre, siempre con su tendencia a creer en un Dios a su imagen, termina dándole los atributos que les gustaría que tuviera. Cuan equivocados están. Si algo he aprendido a lo largo de mi vida, o al menos desde que soy consciente de ella, es que realmente las cosas del espíritu nunca son como creemos que son. Son ciegos tratando de describir un color, sordos tratando de explicarse el sonido. Lo malo es que guiados por su ceguera no terminan de comprender, siguen con sus ofrendas, sus altares, su sentimiento de culpabilidad. En medio de su arrogancia, justifican así desde la forma en que se visten hasta como aplican lo que creen que es justicia.

En mala hora me correspondió ser su Guardián. No estoy seguro si los demás  tendrán iguales problemas que los míos con su pedacito de creación, pero a mí en particular me ha dado bastantes dolores de cabeza este fragmento del lienzo. Ni por equivocación pasó por mi mente nada de esto aquella primera noche cuando fui embebido con la que sería mi misión. Hay días es los que me gustaría manifestarme ante todos ellos y tratar de revelarles lo poco que ha llegado a mi comprensión. Sin embargo me detengo, si a mí que recibí las instrucciones directas de parte del supremo Artista (lo llamo así a falta de algo mejor, es la palabra que viene a mi mente cuando pienso en El), no me ha sido posible concebir la totalidad de la obra que está ejecutando, ¿Cómo podrían simples hormigas entender de segunda mano cosas tan ajenas a sus sentidos?, ¿Cómo explicarles que no estaban solos en el paraíso?, que junto a ellos, pero en diferentes planos de existencia, convivían miles tal vez millones de entidades cada una más extraña que la otra, algunas tan diferentes que el solo contacto con su presencia significaría la extinción de ambas razas, otras tan parecidas que hasta podrían engendrar entre sí (y en efecto lo han hecho). ¿Podrían tal vez aceptar que no todos cayeron en desgracia y aún viven en ese paraíso?, ¿Podrían siquiera entender por qué algunos expulsados junto con ellos les odian en la creencia que fue su culpa dicha expulsión? ¿Comprenderían cómo es que estos saben de los hombres mientras que los hombres apenas han tenidos atisbos de su existencia? , dudo mucho que pueda hacerles entender tanto, nunca me creerían que sus mitos, sus antiguas historias, incluso sus pesadillas más recónditas han tenido su origen en los breves contactos con otras creaturas en su misma condición. Ni siquiera estoy seguro si serían capaces de comprenderme a mí. Siempre que me dejo llevar por esta línea de pensamiento termino apesadumbrado, me embarga una sensación de fracaso, siento que he fallado en mi misión. Sé que de continuar en este rumbo están destinados a ser apartados como un borrador inconcluso por el Artista que decepcionado no podrá encajar esta pieza en su obra. Sé también que al ser desechados mi función terminará de inmediato y supongo que me tocará correr igual suerte que la de aquellos a los que tan mal he guardado.

Desde aquella primera noche, nunca hemos vuelto a ver al Artista, sin embargo, no sé realmente como, estoy seguro que está próxima una especie de revisión, creo que se detendrá por un momento a evaluar el conjunto de su obra y es allí, seguramente, donde mi lienzo será quitado para colocar algo mejor. En realidad nunca se me dijo que se esperaba de mí y a la larga, realmente no puedo decir si lo estoy haciendo bien o lo estoy haciendo mal, tanto tiempo siendo su Guardián ha hecho que adopte muchas de sus actitudes. Tal vez estoy equivocado y lo que son es lo que se espera que sean, o estoy aún más errado y los he llevado a ser todo lo contrario de lo que se quería de ellos. No lo sé, realmente no lo sé, y este desconocimiento no hace más que atormentar mis días, cada uno de ellos. He meditado largamente, razonando un curso de acción, mi lógica es que solo tengo dos opciones, están bien como están o simplemente no lo están. Si están bien continúan, si no lo están desaparecerán. Eso les da un cincuenta por ciento de probabilidades de salir airosos en una revisión, algo así como lanzar una moneda al aire. Pero, ¿y si están bien y los rebajo a la mitad? ¿O que tal si están mal y los mejoro a la mitad? ¿Será que en un punto intermedio, un regular nos permitiría continuar?

Hace tiempo ya que lancé esa moneda, en varias ocasiones he borrado todo el lienzo para comenzar a dibujarlo de nuevo. Esta vez les he dado sabios y competentes maestros, iluminados y profetas, visionarios y agoreros.

Todo un carrusel de instrucciones, les di las pirámides, el Popol Vuh. El Ásatrú. La Edda poética con el Hávamál, La Edda prosaica y El Ayyavazhi. En un arranque de desesperación acudi a darles El Akilattirattu Ammanai y El Arul Nool, La Fe Bahá'í y El Kitáb-i-Aqdas y El Kitáb-i-Íqán.

La Biblia, La Torá y El Corán. Los Vedas y Los Upanishad. Incluso El Libro de los Muertos y La Sutra del Diamante. El Kangyur y El Tengyur. Envié a Confucio para que les escribiese sus Cuatro Libros Clásicos. Tienen La Perla de Gran Precio, el I Ching.

También han sido muchos los emisarios a los que he recurrido en estos tiempos: Preparé y aleccioné a cada uno de ellos para que les guiasen en una determinada dirección: Ramsés II, Moisés, El joven Duque Ting (para apoyar a Confucio), Aristóteles, El querido Platón, Alejandro Magno, Flavio Arriano, Darío, Jesús, Mahoma, Julio César, incluso Cleopatra fue de mi invención.

Para equilibrar la balanza siempre me ha sobrado gente, los más recientes, Nerón, Leopoldo II, Hitler, Mao, Stalin, Bokassa, Idi Amin, Videla, Bush, Osama, Fidel, Chávez, Mugabe, Kim Il Soon. Todos ellos también fueron necesarios para encauzar mi apuesta.

Pero se me está agotando el tiempo. Lo siento en todo mí ser, el momento de la revisión se acerca y aun no puedo darme por satisfecho por nada. Soy como un niño que tiene que aprender pero no tiene quién que le enseñe y sin haber recibido enseñanza alguna, le toca entonces hacer de maestro.  Podría intentarlo nuevamente partiendo de cero, tendría muchas opciones que la humanidad misma me ha dado, siempre me sorprenden con su ingenio. Una guerra nuclear a gran escala mataría a cientos de millones de personas en forma directa o a través del invierno nuclear una increíble cantidad de hollín lanzada a la estratosfera causaría un enfriamiento y sequía del mundo entero en pocos años, impidiendo la agricultura en gran parte del mundo. Quedarían unos pocos supervivientes dispersos por el planeta, a merced de otras amenazas. Ciertamente, los pocos que quedaran serían bastante más moldeables que los actuales, y más resistentes pues los débiles se quedarían por el camino. Las pandemias naturales no podrían acabar con la humanidad, sin embargo, el propio ser humano puede hacer las enfermedades más peligrosas, si bien acabar con la humanidad no es particularmente útil, siempre puedo encontrar a alguien que haga las cosas sólo porque puede, no sería nada difícil empujarle a hacerlo. La nanotecnología podría también serme útil al caso, en sí misma no es peligrosa, pero un aumento exponencial de su potencia también aumentaría la posibilidad de sus abusos. Todo ello sin necesidad de tocar nada en el decorado exterior, sin mover asteroides, sin estrellar cometas, sin provocar diluvios ni hacer explotar volcanes, si, seria limpio y hasta elegante.

Mejor me quito esas ideas de la cabeza, ya lo he intentado antes por esa vía y el resultado termina siendo siempre el mismo. Tengo que encontrar una manera de equilibrar las cosas, que no sean demasiado buenos y que no lleguen a ser realmente malos, ¡Qué difícil es esto de tratar de hacer de Dios! 

El tiempo apremia.


Continuará...

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