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miércoles, julio 16, 2014

Sombras del Paraíso por: Arturo Neimanis CAPITULO XXIV Hambre de Poder






Sombras del Paraíso
por: Arturo Neimanis

CAPITULO XXIV
Hambre de Poder

Durante todo este tiempo he estado equivocado, no había entendido realmente la naturaleza del conflicto. Esta no es una guerra de exterminio, es una guerra de dominio. Si, dominio, las sombras necesitan dominarnos, es casi como si fuese su alimento. El poder, para ellos, no es un medio, es un fin en sí mismo. Debí entenderlo antes, lo pude ver con mis propios ojos mientras estuve con los aztecas. Lo vemos a diario en cada pueblo sometido por el comunismo o por la religión. Todo es una cuestión de poder, subyugar, infringir sufrimiento. Eso es lo que realmente buscan las sombras. 

Como dijera mi amigo George Orwell: “El nacionalismo es hambre de poder atemperada por el auto engaño”, incluso en Latinoamérica donde Influenciados por las sombras, a través de sus más prominentes emisarios, la ambición económica y la voracidad personal de algunos dirigentes los ha llevado a desvariar de manera irresponsable, relegando sus obligaciones políticas y sociales. Tan ciegos se vuelven por la avaricia y el hambre de poder, que pierden la razón y el horizonte de sus actos. 

Todo obedece a un solo plan maestro y el mismo abarca, no años, sino siglos de completa preparación. Cada etapa de la historia moderna ha sido cuidadosamente orquestada para, en forma por demás sigilosa, ir minando las bases de sustentación de un mundo de luz para sumirlo en un mundo de tinieblas.

Yo estaba equivocado desde el principio, si bien es cierto que como raza nos expulsaron del paraíso y que las sombras nos culpan de su propio destino, en realidad nosotros somos los que fuimos arrastrados por ellas en su caída, esos a los que llamamos Ángeles, eran a mi entender, o al menos así lo intuyo, nuestros guardianes y guardianes de los demonios también. Aun no tengo claro el papel que juegan las otras dos razas que mencionaba el manuscrito pero al parecer están tan distantes de nosotros en cuanto a su desarrollo que pareciera no tener importancia para nosotros, al menos no hasta donde alcanzo a ver.

Algo en lo que no me he equivocado es que ninguna de estas razas puede ser vista con la categoría de dioses, son seres materiales, corpóreos, al igual que nosotros. Su mayor grado de desarrollo les lleva a ser capaces de hacer cosas que se escapan incluso a nuestra imaginación y no tiene nada de raro que al ser humano primitivo, ante sus ojos, se presentasen como seres superiores y en algunos casos llegaran a endiosarlos o rodearlos con un aura de poder más allá de la verdad.

Por el mero hecho de su corporeidad, tanto Ángeles como Demonios (luces y sombras como yo los veo), han visto limitado su acceso a nuestro mundo, al menos en épocas recientes. En un pasado muy remoto, las puertas que nos separan estaban abiertas y eso les permitía el paso libre, físicamente, de su plano de existencia al nuestro. Todas las leyendas, figuras mitológicas, seres fantásticos que han minado la mente del ser humano no son más que un recuerdo atávico de su presencia. 

Las puertas que nos separan han estado cerradas durante muchísimo tiempo, al menos en la escala de tiempo del hombre. Desde entonces, tanto unos como otros han mantenido contacto con nosotros a través de entidades susceptibles a cada bando, aquellos ganados a la luz no son más que energías canalizadas que pueden sintonizar con ellos así como también, en el otro bando, las almas, aunque no me gusta el término, ganadas a las sombras también han hecho su trabajo.

Por alguna razón que desconozco, los ciclos en los que han podido hacer acto de presencia en nuestro mundo rara vez han coincidido, solo había seres de luz en la época primigenia de los Hopis, así como solo había sombras en el apogeo del imperio Azteca. Aunque con toda certeza hubo un tiempo en que ambas razas estuvieron en nuestro mundo al mismo tiempo. ¿Tal vez de allí provienen las historias de las batallas entre Demonios y Ángeles?, ¿La lucha del bien y del mal? 

El tiempo no está lejano en que dichas puertas vuelvan a abrirse y todo me indica que lo harán para ambos bandos, los últimos dos mil años de historia humana no han sido sino una minuciosa preparación para esa batalla y en la misma, nosotros los hombres, al parecer no somos más que simples peones de un gigantesco tablero al que faltan por colocar sus piezas mayores.

El plan de las sombras es simple, mientras mayor sea la proliferación de seres de las sombras mayor será su poder, mayor su posibilidad en el enfrentamiento que inevitablemente ha de llegar. Solo lograran ganar adeptos a su causa a través del sufrimiento, la miseria, el hambre y sobre todo el miedo. El temor parece ser su principal arma y por eso nos han ido acondicionando durante generaciones para que en su sola presencia el miedo nos neutralice y ellos poder dominarnos. Mi experiencia en el imperio Azteca al ser descubierto por alguna de las sombras mayores me lo demuestra, fue un temor atávico, irracional, que salió de lo más profundo de mi ser sin que pudiese tener control sobre él. Para las sombras, La guerra es la guerra. El único ser humano bueno es el que está definitivamente muerto.

Ahora tengo claro que debo buscar la forma de neutralizar este miedo irracional para poder combatirles, todo ocurre en la mente y sólo lo que allí sucede tiene una realidad. Debo aprender a hacerlo y a partir de allí, inculcarlo en el resto de la humanidad si en verdad queremos tener alguna oportunidad en la batalla que se avecina. 

Ahora se, o al menos lo presiento, que debo encontrar una información que es vital para lograr vencer el temor que nos han inculcado. Sólo alcanzaremos nuestro pleno desarrollo, la máxima armonía, cuando dejemos de ver las cosas como son y comencemos a verlas como deberían de ser. 

¡Debo averiguar la causa de la caída!, debo saber, realmente, ¿Por qué fuimos expulsados del paraíso?, ¿Cuál fue la falta primordial?

Continuará...

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