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miércoles, julio 09, 2014

Sombras del Paraíso Arturo Neimanis Capítulo XIX: Un Misterio Revelado




Julio 9, 2014


Sombras del Paraíso
por: Arturo Neimanis

CAPITULO XIX
Un Misterio Revelado


“Los arcanos se envilecen cuando son revelados. Y una vez profanados, pierden su gracia. No arrojéis margaritas a los cerdos y no hagáis nunca a un asno un lecho de rosas” (Christian Rosenkrentz)


Durante mis vacaciones en La City fui un asiduo visitante de museos, el Museo Británico y el Museo de Historia Natural, han sido para mí fuente de inspiración y conocimientos que me han acompañado a todo lo largo de mi peregrinar. Esta vez, tampoco ha sido la excepción. Recordé claramente que en el Museo Británico pude ver parte de los escritos de Elías Ashmole quien fuera un estudioso de la obra de Dee (uno de los supuestos “descubridores” del Enoquiano junto con Edward Kelly, algunas publicaciones suyas permanecen en la Biblioteca Británica, por supuesto, ya tuve acceso a ellas, a ambos pude conocerlos cuando trabajé para el Emperador romano Rodolfo II a quien solían frecuentar). También leí lo que encontré de Thomas Rudd, otro seguidor de Dee. Una parte de los escritos originales en forma de diarios del mismísimo John Dee, los cuales resumen el desarrollo del sistema Enoquiano se encuentran también en el Museo Británico.

A los efectos de mi búsqueda, quizá lo más importante sea el Liber Loagaeth. Es la parte más misteriosa del trabajo de Dee y Kelly. También se lo conoce como el Libro de Enoch y como Liber Mysteriorum Sextus et Sanctus. Nadie hasta el momento, aparte de mí mismo y Verne,  ha hecho intentos serios para poder entenderlo. "Loagaeth" supuestamente significa "discurso de Dios" en enoquiano; se supone que en este libro se encuentran, literalmente, las palabras por las cuales dios creó todas las cosas. Supuestamente es el lenguaje en el cual los nombres verdaderos de todas las cosas son conocidos, otorgando poder sobre ellas.

El discípulo de Leonardo,  Francesco Melzi, se refirió a América como al País de las Sombras y aunque el no tuvo que ver con esas doce extrañas paginas en lengua angélica, estoy convencido que si debía conocer acerca de su contenido. Todos los espíritus iluminados del renacimiento, y por ende sus discípulos, ponían especial cuidado en el manejo de las palabras, eran conscientes de la influencia que ejercen sobre el inconsciente colectivo innato al ser humano, ese almacén experiencial que todos poseemos por igual como especie.

Es difícil de entender e incluso de aceptar, pero es sin duda una idea que no está exenta de cierta belleza: todas las personas tenemos un mismo legado que nos hace únicos, algo que reside en una parte de nuestro cerebro como un pequeño baúl que, aunque no recordemos, está ahí. Conformando las dimensiones básicas de la humanidad: el amor, el miedo, la integridad, el ser… Dimensiones esenciales que todos sentimos y padecemos por igual, algo innato que adquirimos nada más nacer y que a la vez heredamos de nuestros progenitores, y que estos a su vez han heredado de los suyos.

Por lo general, mediante los sueños, todos tenemos acceso a ese inconsciente que compartimos. El universo entero es materia viviente. Todo forma parte de la memoria inconsciente, incluso los átomos. Cuando nacemos llegamos a este mundo con memoria base heredada genéticamente desde el origen del ser humano, algo con lo que hemos ido evolucionando generación tras generación guardando de modo inconsciente en nuestra memoria. Todos sentimos las mismas pulsiones: amor, ira, rabia, miedo… son emociones muy fuertes que se instalan en nuestro. Visiones y experiencias que no sabemos muy bien cómo explicar, pero que a su vez, suelen repetirse en otras personas y en culturas diferentes.

Cada civilización tiene una manera única de ver al mundo. Dicha visión es un montón de ideas que definen el porqué de la existencia humana, la manera de lograr su objetivo, los errores que deben evitarse y los obstáculos que podemos encontrarnos en el camino. Esa visión del mundo interpreta las experiencias humanas y trata de responder a las eternas preguntas de lo que es bueno o malo, lo que es real o irreal, cuál es la esencia de la naturaleza de los hombres y las mujeres y el mundo en que viven y cuál es la conexión del hombre con su naturaleza, con otros seres humanos y con el cosmos.

Dee y Kelly  no estaban fuera de este contexto. No podían haber creado el enoquiano desligándose de su propia naturaleza. Especialmente Dee, Le observé dedicando mucho tiempo y esfuerzo en los últimos treinta años de su vida a tratar de comunicarse con los ángeles a fin de aprender el lenguaje universal de la creación y lograr la unidad de la humanidad. No hizo distinciones entre su investigación matemática y su estudio de la magia hermética, la invocación de ángeles y la adivinación. El veía que todas sus actividades constituían diferentes facetas de la misma búsqueda: la búsqueda de una comprensión trascendente de las formas divinas que subyacen al mundo visible, Dee las llamaba "verdades puras". Sin embargo, en él no ardía ese fuego interior que me permite identificar los espíritus trascendentales en la obra del Artista. Trate de ganar su amistad y hacerme su discípulo pero un fuerte impulso me detuvo, mi instinto me prevenía de interferir con su vida por lo que tuve que limitarme a observarle de lejos. A lo largo de su vida Dee acumuló la biblioteca más grande de Inglaterra y una de las más grandes en Europa.

Me tomó varios años pero terminé leyendo todos y cada uno de los libros de su biblioteca, mi intención era “sintonizar” su estado de ánimo para el momento en que creo el lenguaje angelical para así poder encontrar la clave que me permitiera entenderlo. Dee creía que los números eran la base de todas las cosas y la llave del conocimiento, que la creación de Dios fue un acto de numeración. Partiendo de esta idea, extrajo la creencia de que el hombre tenía el potencial del poder divino, y pensaba que dicho poder podría ser ejercitado a través de las matemáticas. Su magia angélica cabalística (que era fuertemente numerológica) y su trabajo en matemáticas prácticas eran simplemente los extremos exaltados y mundanos de un mismo hecho, no las actividades contrapuestas que muchos podrían considerar hoy en día. Todo eso me hizo pensar que el idioma que él y Kelly habían “recibido” de los ángeles, debía tener una fuerte base matemática más que lingüística.

La reputación de Dee como mago y la vívida historia de su asociación con Edward Kelly han hecho de él una figura aparentemente irresistible para fabulistas, escritores de novelas de terror y magos modernos. La exagerada información falsa y a menudo fantástica sobre Dee ensombrece los hechos de su vida, notables en sí mismos. Además de ser asesor astrológico y científico de Isabel y su corte, fue un temprano defensor de la colonización de América del Norte y un visionario de un Imperio Británico extendiéndose por el Atlántico Norte. El término "Imperio Británico" es de hecho invención propia de Dee.

Dee escribió muchos libros pero llamó mi atención uno que en la actualidad es conocido como “El Libro de Soyga”, del cual existen dos versiones que difieren entre sí en pequeños detalles, cuando los pude examinar, falto poco para que mi corazón volviera a detenerse igual que aquel lejano día de mi cumpleaños. Ambos contenían una gran cantidad de textos legibles para mí y ambos tenían mi docena de páginas indescifrables. ¡Había encontrado mi piedra de Rosetta!

Las doce hojas del manuscrito me contaron su historia y esta resulto ser, para mí, el hecho más relevante, sórdido, obscuro e importante de toda mi vida, incluida mi muerte y más allá. Simplemente increíble. Era el relato completo de toda una civilización que ni siquiera era humana, era la historia de navegantes de la india que alcanzaron el continente 2000 años antes que Colón y su encuentro con los amos de esa tierra: El País de las Sombras. 


Continuará...

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