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jueves, agosto 28, 2014

Revolución y Santería (Primera Parte) - Arturo Neimanis


Revolución y Santería (Primera Parte)

La santería es la adaptación del vudú a tierras cubanas, de donde emigró a Florida, Veracruz, Nicaragua y Brasil. Tiene su origen en las manifestaciones religiosas provenientes del África, en concreto de Dahomey, patria lejana de miles de esclavos negros distribuidos en América por los voraces traficantes de los siglos XVI y XVII.

Tanto españoles como franceses prohibieron esas muestras animistas de religiones tribales. Falsamente convertidos al catolicismo, los esclavos practicaban en secreto sus ceremonias, y al pasar el tiempo, las mezclaron con ritos aprendidos de su nueva religión, más como una forma de disfrazar las prácticas originales que como una verdadera aceptación del cristianismo.

La cantante Celia Cruz inmortalizó la letra del Yerbero: “Traigo yerba santa pala garganta/ traigo abrecamino pasu destino/ y con esta yerba, se casa usté…”, letra que encaja perfectamente con los ofrecimientos de un chamán o de un santero.

Vudú, santería, candomblé y satanismo en el fondo son lo mismo, porque los mambos, santeras, mae de santo y centinelas en busca de seguidores, que aporten fuertes cantidades de dinero, han distorsionado las prácticas rituales, adornándolas y transformándolas a requerimientos específicos de los compradores de fama, felicidad y fortuna; no obstante, difieren en conceptos generales y, sobre todo, rituales.

Años ha, cuando se hablaba del vudú, se añadían comentarios alusivos a la ignorancia de sus seguidores, todos ellos analfabetas, pobres, desdichados que, debido a su incultura, se mantenían en el fetichismo.

¿Qué decir ahora, cuando en su práctica participan “intelectuales”? ¿Qué fenómeno ha ocurrido para dar ese giro?

Digámoslo de otra manera: la religión de los pueblos afroamericanos, ha pasado a formar parte de la vida de funcionarios públicos, gente del medio artístico, empresarios e incluso catedráticos universitarios.

La santería es un arma ideológica de la revolución cubana. Y uno de sus negocios.  Los babalaos oficialistas,  además de rogar a los orishas por Fidel Castro,  también recaudan bastantes dólares y euros para las arcas del régimen.

Cada vez son más los extranjeros que van a hacerse iyabó en Cuba, sin reparar en los gastos. Hacerse un  santo en Cuba puede llegar a costar entre 900 y 4 mil dólares. El precio dependerá del orisha escogido (Elegguá, por ejemplo, cuesta el doble que cualquier otro santo), de la fama del babalao y de la urgencia del cliente.

En Cuba resulta más caro hacerse iyabó, pero en el mundo prefieren la Regla de Ocha de La Habana que la macumba brasileña, y los sacerdotes de Ifá  cubanos que los de Nigeria, la cuna de la religión yoruba. Así vemos que los nigerianos son buenos en otros tipos de estafa, aparte de las que ya conocemos por internet.

Adicionalmente, en Cuba no hay limitaciones en cuanto a la matanza de animales para alimentar con sangre sus ritos.

Los ahijados “yumas”  vestidos de blanco, con collares (traídos de Miami para ser distribuidos en Cuba), pregonan por el mundo “las bondades” del castrismo.

Así, gracias a los negocios de los babalaos y babalochas de utilería de la Asociación Cultural Yoruba,  los turistas extranjeros se están llevando de Cuba, además de  los tabacos, las obras de arte, las langostas, el son, las cotorras y la crema y nata de las jineteras y los pingueros,  también  el aché. Quiero decir, el poco que debe quedar, si es que queda alguno  porque dicen los que saben  que  cada vez están  más ossobbo y con más muertos oscuros a rastras.

No es casualidad que un estado, abiertamente opuesto a las expresiones religiosas, cobije gustosamente, casi que con partenal afecto, a los afectos a este culto, derivación del vudú haitiano.

Desde su visita a Cuba en 1994, Hugo Chávez entró en contacto directo con varias logias rituales de magos paleros. Estos, literalmente, le lavaron el cerebro.

Antes, Chavez no pasaba de consultas de videntes, astrólogos, místicos, tarotistas y demás espiritistas para conectarse con la figura de Simón Bolívar, mezclado todo caóticamente con las iniciales consejas de sacerdotes de la Iglesia Católica de amistad familiar.

A partir de ese año, La Habana junto a paleros y el Lukumí, lograron deliberadamente establecer lo que sería más tarde (1998) una influencia espiritual permanente -paralela a la dependencia política- sobre la débil psique del mentalmente minusválido Hugo Rafael.

Es así que, ya presidente en 1999, tras intentar infructuosamente engañar a la masonería venezolana para el transporte de los restos mortales del ex-presidente Guzmán Blanco, comenzó a viajar a Cuba clandestinamente a consulta con paleros y babalawos de una orden en la cual ya estaba iniciado. 

No fue casual la primera y célebre declaración lanzada por Hugo Chávez desde La Habana contra la Iglesia Católica.

Posteriormente solicitó el traslado a Venezuela de sus consultores esotéricos, así como la presencia permanente de estos en el país para su “servicio” y el  de otros muchos oficiales militares y personalidades “proclives a la revolución”.

En coherencia con los nuevos compromisos paganos, asumidos tras el 11 de abril, los “sacerdotes” del vudú chavista, efectuaron múltiples rituales consistentes en ofrecer en sacrificio la sangre humana de sus adversarios. Con ellos, Chávez creía firmemente que cumplía dos propósitos: procurar la perdición del alma de su enemigo y ganar el favor de las fuerzas malignas mediante el ofrecimiento de la sangre vertida.

Así de grande era la dimensión de su enajenación tanto moral como mental.

Una persona, una vez iniciada en la santería, se le dice que debe seguir para obtener mejores resultados. El santero va tomando control de ella hasta que el miedo la gobierna. Se le dice que si se separa, algo muy malo va sucederle... 

El Santero se va convirtiendo en un personaje indispensable que domina toda la vida y del cual no hay salida. 

En esto es parecido a la relación con la mafia.

Continuará…



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